"Algunos, como Davenport y Beck, hablan de economía de
la atención. Que una facultad cognitiva pasa a formar parte
del discurso económico quiere decir que se ha convertido en
un recurso escaso. Falta el tiempo necesario para prestar
atención a los flujos de información a los que estamos
expuestos y que debemos valorar para poder tomar decisiones.
La consecuencia está a la vista: decisiones económicas y
políticas que no responden a una racionalidad estratégica a
largo plazo sino tan sólo al interés inmediato. Por otra parte,
estamos cada vez menos dispuestos a prestar nuestra atención
gratuitamente. No tenemos ya tiempo para el amor, la
ternura, la naturaleza, el placer y la compasión. Nuestra
atención está cada vez más asediada y por tanto la dedicamos
solamente a la carrera, a la competencia, a la decisión
económica. Y, en todo caso, nuestro tiempo no puede seguir
la loca velocidad de la máquina digital hipercompleja. Los
seres humanos tienden a convertirse en despiadados ejecutores
de decisiones tomadas sin atención.
El universo de los emisores —o ciberespacio— procede ya
a velocidad sobrehumana y se vuelve intraducible para el universo
de los receptores —o cibertiempo— que no puede ir
más rápido de lo que permiten la materia física de la que está
hecho nuestro cerebro, la lentitud de nuestro cuerpo o la necesidad
de caricias y de afecto. Se abre así un desfase patógeno
y se difunde la enfermedad mental, como lo muestran las
estadísticas y, sobre todo, nuestra experiencia cotidiana. Y a
medida que se difunden las patologías, se difunden los fármacos.
La floreciente industria de los psicofármacos bate
récords cada año. El número de cajas de Ritalin, Prozac, Zoloft
y otros fármacos psicotrópicos vendidas en las farmacias
crece, al tiempo que crecen la disociación, el sufrimiento, la
desesperación, el terror a ser, a tener que confrontarse constantemente,
a desaparecer; crece el deseo de matar y de morir.
Cuando hacia finales de los setenta se impuso una aceleración
de los ritmos productivos y comunicativos en las metrópolis
occidentales, hizo aparición una gigantesca epidemia
de toxicomanía. El mundo estaba saliendo de su época
humana para entrar en la época de la aceleración maquinal
posthumana. Muchos organismos humanos sensibles empezaron
a usar cocaína, sustancia que permite acelerar el ritmo
existencial hasta transformarse en máquina. Muchos otros
organismos humanos sensibles empezaron a inyectarse heroína,
sustancia que desactiva la relación con la velocidad
del ambiente circundante. La epidemia de polvos de los años
setenta y ochenta produjo una devastación existencial y cultural
de la que aún no hemos sacado las cuentas. A continuación,
las drogas ilegales fueron sustituidas por las sustancias
legales que la industria farmacéutica pone a disposición de
sus víctimas, y se inició la época de los antidepresivos de los
euforizantes y de los reguladores del humor.
Hoy la enfermedad mental se muestra cada vez con
mayor claridad como una epidemia social o, más precisamente,
sociocomunicativa. Si quieres sobrevivir debes ser
competitivo, y si quieres ser competitivo tienes que estar
conectado, tienes que recibir y elaborar continuamente una
inmensa y creciente masa de datos. Esto provoca un estrés
de atención constante y una reducción del tiempo disponible
para la afectividad. Estas dos tendencias inseparables devastan
el psiquismo individual. Depresión, pánico, angustia,
sensación de soledad, miseria existencial. Pero estos síntomas
individuales no pueden aislarse indefinidamente, como
ha hecho hasta ahora la psicopatología y quiere el poder económico.
No se puede decir: estás agotado, cógete unas vacaciones
en el Club Méditerranée, tómate una pastilla, cúrate,
deja de incordiar, recupérate en el hospital psiquiátrico,
mátate. No se puede, por la sencilla razón de que no se trata
de una pequeña minoría de locos ni de un número marginal
de deprimidos. Se trata de una masa creciente de miseria
existencial que tiende a estallar cada vez más en el centro del
sistema social. Además, hay que considerar otro hecho decisivo:
mientras el capital necesitó extraer energías físicas de
sus explotados y esclavos, la enfermedad mental podía ser
relativamente marginalizada. Poco le importaba al capital tu
sufrimiento psíquico mientras pudieras apretar tuercas y
manejar un torno. Aunque estuvieras tan triste como una
mosca sola en una botella, tu productividad se resentía poco,
porque tus músculos podían funcionar. Hoy el capital necesita
energías mentales, energías psíquicas. Y son precisamente
ésas las que se están destruyendo. Por eso las enfermedades
mentales están estallando en el centro de la escena social.
La crisis económica depende en gran medida de la difusión
de la tristeza, de la depresión, del pánico y de la desmotivación.
La crisis de la new economy deriva en buena medida de
una crisis de motivaciones, de una caída de la artificiosa euforia
de los años noventa. Ello ha tenido efectos de desinversión
y, en parte, de contracción del consumo. En general, la
infelicidad funciona como un estimulante del consumo: comprar
es una suspensión de la angustia, un antídoto de la soledad,
pero sólo hasta cierto punto. Más allá de ese punto, el
sufrimiento se vuelve un factor de desmotivación de la compra.
Para hacer frente a eso se diseñan estrategias. Los patrones
del mundo no quieren, desde luego, que la humanidad
sea feliz, porque una humanidad feliz no se dejaría atrapar
por la productividad, por la disciplina del trabajo, ni por los
hipermercados. Pero se buscan técnicas que moderen la infelicidad
y la hagan soportable, que aplacen o contengan la
explosión suicida, con el fin de estimular el consumo.
¿Qué estrategias seguirá el organismo colectivo para sustraerse
a esta fábrica de la infelicidad?
¿Es posible, es planteable, una estrategia de desaceleración,
de reducción de la complejidad? No lo creo. En la sociedad
humana no se pueden eliminar para siempre potencialidades,
aún cuando éstas se muestren letales para el individuo
y, probablemente, también para la especie. Estas potencialidades
pueden ser reguladas, sometidas a control mientras es
posible, pero acaban inevitablemente por ser utilizadas, como
sucedió —y volverá a suceder— con la bomba atómica.
Es posible una estrategia de upgrading9 del organismo
humano, de adecuación maquinal del cuerpo y del cerebro
humano a una infosfera hiperveloz. Es la estrategia que se
suele llamar posthumana.
Por último, es posible una estrategia de sustracción, de
alejamiento del torbellino. Pero se trata de una estrategia que
sólo podrán seguir pequeñas comunidades, constituyendo
esferas de autonomía existencial, económica e informativa
frente a la economía mundo."
Tirado da introducçom à ediçom em espanhol de La fabbrica dell'infelicità (A fábrica da infelicidade).
Introducçom à ediçom original
"UNA OLA DE EUFORIA HA RECORRIDO los mercados en los últimos
años. Desde los mercados se ha extendido a los medios
y desde éstos ha invadido el imaginario social de Occidente.
La tercera edad del capital, la que sigue a la época clásica del
hierro y el vapor y a la época moderna del fordismo y la
cadena de montaje, tiene como territorio de expansión la
infosfera, el lugar donde circulan signos mercancía, flujos
virtuales que atraviesan la mente colectiva.
Una promesa de felicidad recorre la cultura de masas, la
publicidad y la misma ideología económica. En el discurso
común la felicidad no es ya una opción, sino una obligación,
un must; es el valor esencial de la mercancía que producimos,
compramos y consumimos. Ésta es la filosofía de la new
economy que es vehiculada por el omnipresente discurso
publicitario, de modo tanto más eficaz cuanto más oculto.
Sin embargo, si tenemos el valor de ir a ver la realidad de
la vida cotidiana, si logramos escuchar las voces de las personas
reales con quienes nos encontramos todos los días, nos
daremos cuenta con facilidad de que el semiocapitalismo, el
sistema económico que funda su dinámica en la producción
de signos, es una fábrica de infelicidad.
La energía deseante se ha trasladado por completo al
juego competitivo de la economía; no existe ya relación entre
humanos que no sea definible como business —cuyo significado
alude a estar ocupado, a no estar disponible. Ya no es
concebible una relación motivada por el puro placer de
conocerse. La soledad y el cinismo han hecho nacer el desierto
en el alma. La sociedad planetaria está dividida entre
una clase virtual que produce signos y una underclass que
produce mercancías materiales o, sencillamente, es excluida
de la producción. Esta división genera naturalmente desesperación
violenta y miseria para la mayoría de la población
mundial. Pero esto no es todo.
El semiocapitalismo es una fábrica de infelicidad también
para los vencedores, para los participantes en la economía-
red, que corren cada vez más rápido para mantener
el ritmo, obligados a dedicar sus energías a competir contra
todos los demás por un premio que no existe. Vencer es el
imperativo categórico del juego económico. Y, desde el
momento en que la comunicación se está integrando progresivamente
con la economía, vencer se convierte también
en el imperativo categórico de la comunicación. Vencer es
el imperativo categórico de todo gesto, de todo pensamiento,
de todo sentimiento. Y sin embargo, como dijo William
Burroughs, el ganador no gana nada.
Mientras el estereotipo publicitario muestra una sociedad
empapada de felicidad consumista, en la vida real se
extienden el pánico y la depresión, enfermedades profesionales
de un ciclo de trabajo que pone a todos a competir con
todos, y culpabiliza a quien no logra fingirse feliz.
Los ciclos innovadores de la producción —la red y la biotecnología—
no son, como los que dominaron la época
industrial, la producción de mercancías por medio del cuerpo
y la mente, sino la producción directa de cuerpo y mente.
La felicidad no es ya, por tanto, un valor de uso accesorio a
las mercancías, sino la quintaesencia de la mercancía.
Algunos sostienen que la new economy está destinada a
desinflarse como un globo o a derretirse como la nieve al sol
porque se funda sobre una ilusión. Pero las ilusiones son el
motor de la economía capitalista, son la fuerza que mueve el
mundo. La economía es cada vez más directamente inversión
de energía deseante. Lo que el historicismo idealista llamaba
alienación era el intercambio de la autenticidad humana
con el poder abstracto del dinero. Nosotros ya no hablamos
de alienación, porque no creemos que exista ya ninguna
autenticidad de lo humano. Sin embargo, tenemos la
experiencia cotidiana de una infelicidad difusa, porque los
seres humanos invierten una parte cada vez mayor de su
existencia inmediata en la promesa siempre aplazada de la
mercancía virtual. La devastación capitalista del medio natural
y la mediatización de la comunicación reducen casi a la
nada la posibilidad de gozar de la existencia de forma inmediata.
Y la existencia desensualizada se dedica sin resistencias
a la inversión, que es en esencia inversión emocional,
intelectual, psíquica.
Como mostró Freud, la sociedad burguesa fundaba la
fuerza productiva de la industria en un empobrecimiento
físico y material y en una represión de la libido que producía
neurosis. El precio de la seguridad psíquica y económica
era la renuncia a la libertad. En su libro La postmodernidad y
sus descontentos,1 Zygmunt Bauman invierte el diagnóstico
de Freud: los problemas y los malestares más comunes hoy
son producto de un intercambio por el cual renunciamos a la
seguridad para obtener cada vez más libertad. Pero ¿de qué
libertad hablamos, si nuestro tiempo y nuestras energías
están completamente absorbidas por el business?
El tránsito postmoderno ha estado marcado por un desencadenamiento
de la libido, por un intercambio en el que
hemos renunciado a gran parte de la seguridad burguesa a
cambio de una libertad que se concreta cada vez más sólo en
el plano económico. La llamada revolución sexual de los años
sesenta y setenta no fue, o no fue sólo, un aumento de la cantidad
de cuerpos disponibles para el sexo. Fue sobre todo una
mutación en la percepción del tiempo vivido. El tiempo de la
vida era tiempo del encuentro de las palabras, de los cuerpos,
sin otra finalidad que aquella gratuita del conocerse.
No sé si hoy se hace el amor más o menos que en aquellos
años. Me parece que mucho menos, pero no es esa la cuestión.
La cuestión es que la sexualidad no tiene ya relación con
el conocerse, con la gratuidad. Es descarga de energía rabiosa,
exhibición de estatus y, sobre todo, consumo. La prostitución
no es ya, como en tiempos pasados, una dimensión marginal
y viciosa, sino una actividad industrial regulada, la
principal válvula de desahogo de la agresividad sexual de
una sociedad que no conoce ya la gratuidad. La desregulación
económica completa una desregulación existencial que
tomó su impulso de las culturas antiautoritarias. Pero para
las culturas antiautoritarias la libertad era ante todo un ejercicio
antieconómico y anticapitalista. Hoy la libertad ha sido
encerrada en el espacio de la economía capitalista y se reduce
a la libre competencia en un horizonte obligatorio.
Cuando a la libertad se le sustrae el tiempo para poder
gozar del propio cuerpo y del cuerpo de otros, cuando la
posibilidad de disfrutar del medio natural y urbano es destruida,
cuando los demás seres humanos son competidores
enemigos o aliados poco fiables, la libertad se reduce a un
gris desierto de infelicidad. No es ya la neurosis, sino el
pánico, la patología dominante de la sociedad postburguesa,
en la que el deseo es invertido de forma cada vez más obsesiva
en la empresa económica y en la competencia. Y el pánico
se convierte en depresión apenas el objeto del deseo se
revela como lo que es, un fantasma carente de sentido y sensualidad.
El sufrimiento, la miseria existencial, la soledad, el
océano de tristeza de la metrópolis postindustrial, la enfermedad
mental. Éste es el argumento del que se ocupa hoy la
crítica de la economía política del capital."
Podedes baixar o libro aquí, no web de Traficantes de Sueños (traficantes.net)
miércoles, 15 de agosto de 2007
A fábrica da infelicidade - Bifo - Extractos
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ourobouros
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19:19
1 comentarios
Etiquetas: consumo, narcotráfico, trabalho
lunes, 30 de julio de 2007
Dinero gratis - O taxista ful
Un taxista que no es taxista. Una vida que no es vida. Sin trabajo no eres nadie. Decide robar taxis y trabajar con ellos de noche. Después los deja en el mismo lugar donde los encontró. Será detenido. Querrá huir. Se hundirá en la soledad hasta que encuentre a un amigo.
| La libertad empieza donde termina el miedo. Dinero Gratis | |
¿Te atreverías a pensarlo? ¿Te atreverías a vivirlo? Contra el trabajo y la precariedad que poco a poco te comen por dentro. Vomita sobre este mundo. Con su amigo descubrirá un mundo hecho de mundos. Juntos. Es posible darse colectivamente dinero. Es posible vivir de otro modo. De pie. Mirando cara a cara el sol. Sin esperar nada. Agujereando la realidad una y otra vez. Sin descanso. Desesperadamente.
INVITACION
Dinero Gratis, dos palabras muy comunes, que puestas juntas chirrían como el deslizarse de un tenedor por la base de una sartén vacía.
Dinero Gratis, un grito de asco contra este mundo, reapropiación colectiva, reunión de amigos contra el chantaje del trabajo y del consumo, búsqueda incesante, contra la soledad, el dolor y el miedo, provocación insolente.
Nada que pedir a nadie.
Dinero Gratis no es una organización, no es un colectivo, no es una franquicia, no pertenece a nadie.
Intento de agujerear la realidad de una sociedad podrida.
A ello te invitamos.
Quien quiera que seas, donde quiera que estés.
A seguir experimentando y explorando nuevos modos y caminos entre las grietas de este asqueroso mundo.
Dinero Gratis ¿Te atreves a pensarlo?
La especulación no es el problema pero el DINERO GRATIS sí es la solución.
Después de de la derrota experimentada por todos aquellos que quisimos atacar el cielo, el paisaje político social se ha alterado sustancialmente. Hemos entrado en una larga época de rebajas y no reconocerlo es lo que permite seguir como si nada hubiese cambiado, como si el horizonte emancipatorio siguiese allí delante nuestro esperándonos. En vez de luchar contra el capitalismo ahora tenemos que luchar contra la globalización y la especulación. Y, a la que nos descuidamos, el discurso crítico no va más allá del humanitarismo, de la reivindicación del Derecho... La victoria del enemigo ha consistido justamente en conseguir esto: desviar nuestra atención hacia lo que no es lo esencial. Enfrentándonos a la especulación, en concreto, hacemos como aquel que queriendo mirar la luna dirigía su mirada al dedo que la señalaba.
Denunciar la especulación o la corrupción es denunciar unos males que son consubstanciales al propio capitalismo desde sus inicios. El problema hoy no es la especulación - que como decimos siempre ha acompañado a la bestia - sino la monetarización generalizada que ha subsumido todos los ámbitos de la vida. Nuestra experimentación del mundo, nuestra forma de establecer relaciones sociales... todo es mediatizado crecientemente por el dinero. El orden monetario se afianza así gracias a la violencia de la propia moneda. Antes se recuperaban mediante la inflación los aumentos salariales que los trabajadores arrancaban con su lucha. Ahora la economía-casino parece producir y reproducir sola las ganancias del capital. Pero, a pesar de que el trabajo no ocupe una posición central, todo sigue pasando por el intercambio mercantil, por la relación monetaria como comprueban día a día los excluidos, los precarios que somos ya todos. Si tienes dinero estás dentro de la sociedad, si no lo tienes te pone fuera de ella. A la violencia de la moneda que significa exclusión y obligación al trabajo sólo se le puede oponer otra violencia. Porque el dinero funciona como un código, es decir, como un juego de diferencias: tener dinero/no tener dinero. El código es lo que organiza la realidad dándole su coherencia interna, permitiendo que funcione. La violencia que hace saltar este código porque no puede integrarla únicamente puede ser: dinero gratis. Dinero gratis es un grito que nada puede acallar. Pero no hay que confundirlo con una reivindicación. Cuando el dinero lo ha llenado todo porque poco a poco ha alcanzado los más recónditos territorios, no tiene sentido buscar un afuera libre no contaminado. Precisamente su propia omnipotencia es lo que debe girarse en su contra. La paradoja que lo arrincona no es pedir dinero gratis sino darnos dinero. Nos damos dinero gratis cada vez que utilizamos el dinero con una lógica que no es la del capital: cuando expropiamos las mercancías que deseamos, cuando conseguimos la gratuidad de los transportes, cuando okupamos casas... Nos damos dinero a nosotros mismos cuando imponemos el dinero gratis. Esta es la diferencia clave respecto a la renta incondicional que siempre nos será dada, que deberá negociarse, que deberá fijarse en su cuantía por especialistas. El dinero gratis no se argumenta aunque, evidentemente, nosotros sabemos perfectamente que llevamos siglos trabajando, poniendo nuestra fuerza e inteligencia al servicio de este modo de producción, y que ya sería posible conceder alguna forma de renta ligada al mero hecho de existir. El dinero gratis no juega con este posibilismo. No se trata de pedir lo imposible para conseguir lo posible. El dinero gratis se inscribe dentro de una estrategia de objetivos como uno de sus puntos esenciales. Por un lado, es una paradoja que erosiona el sentido común sobre el cual se asienta la economía y, en general el sistema todo. Por otro lado, es una práctica que puede ser impulsada y generalizada. El dinero gratis debe convertirse en un grito de guerra.
ESTA NOCHE HAY ECLIPSE DE SOL
Obra de teatro en tres actos en la que se analiza si es posible cambiar este mundo y también porqué nos cuesta tanto hacerlo.
Acto Primero.
Mi marido me ha pegado. Pero yo sé que "otro mundo es posible". En la empresa en que trabajo quieren hacer reducción de plantilla. Pero yo sé que "otro mundo es posible"... La lluvia ha decidido que no dejará de caer hasta que el mar sea dulce. La humedad de mi casa me sale por los oídos. Pero yo sé que "otro mundo es posible". Sí, efectivamente, "otro mundo es posible". Lo ha dicho la secretaria de la Federación de ONGs. Lo ha dicho el secretario general... de no me acuerdo qué partido. Por cierto, el partido de fútbol va a empezar dentro de nada. Lo dicen todas las personas serias y responsables. Intento pensar que "otro mundo es posible". Sí, es verdad. Yo puedo pensar que puede existir un mundo mejor que éste. Exactamente no sé qué significa la palabra mejor. Siempre he estado en esta cloaca. Espero que gane mi equipo para tener una pequeña ilusión. ¿Ilusión viene de iluso? Para cambiar este mundo me han dicho que es necesario tomar unas medidas concretas. Son éstas: globalizar los derechos sociales y laborales, fiscalizar los flujos especulativos de capital (creo que no voy a poder contener mi risa). Y, sobre todo: profundizar en la democracia representativa. ¿Iluso viene de ilusión o de fraude? Me recuerda el cuento de la lechera. Un día la Sra Sociedad se dijo a sí misma: democratizaré la economía y entonces podré poner la economía al servicio del hombre y entonces podré... pero el lobo (que era el Neoliberalismo) se la comió... Me parece que me he confundido de cuento. Ciertamente "otro mundo es posible" es una consigna bonita. Cuando la pronuncio poco a poco siento que mis mandíbulas se relajan. Me siento feliz y buena persona. Una gran paz invade todos mis huesos. Además, "otro mundo es posible" me lava la conciencia y puedo así seguir viviendo esta mierda de vida. "Otro mundo es posible" lava más blanco. Me gusta. Da sentido a mi vida. Las ONGs, los sindicatos (de clase) y los partidos políticos que viven gracias al dinero del Estado son especialistas en vender futuro. Yo creo en ellos porque tienen mucho futuro. Yo creo en todo lo que haga falta. Pero yo estoy solo y no quiero sentir que me muero poco a poco, que me muero poco a poco...
Acto segundo.
Un grito ha irrumpido en Barcelona: dinero gratis. En el reparto de los libros expropiados durante el reciente Reclaim the Streets, la música que nos hacía bailar era la del dinero gratis. En la pared de un banco cuyos cristales fueron rotos, una mano había escrito: dinero gratis. Ante la Bolsa cientos de manifestantes con dinero gratis en sus cuerpos afirmaron "nosotros somos la vida". Dinero gratis ha estado en la calle, en los periódicos e incluso en la televisión. Pero nadie ha hablado de él. ¿Se puede hablar del viento? El viento limpia el mundo de horizontes. Y con los horizontes se marcha tambi&ieacute;n el miedo. Entonces se puede ver que el dinero gratis no se opone a "otro mundo es posible": sencillamente lo desconstruye. Lo vacía de ingenuidad, le saca toda autocomplacencia. Pero, sobre todo, denuncia bien alto su función adormecedora. "Otro mundo es posible" es la canción de cuna que nos cantan los que desean que nada cambie: hay que negociar con la realidad, hay que ser constructivos... Hoy día no existe peor acusación que la de no ser constructivo. ¡Nos gustaría tanto ser positivos! ¡Nos gustaría tanto ser arrullados por estos estribillos! El desarrollo sostenible es la eterna primavera del capital. La ecología es su mala conciencia. El consenso democr´tico no es m´s que la censura cuando todo se puede decir... La única pregunta interesante es: ¿cuánto autoengaño necesito para soportar esta existencia miserable?
Desde la afirmación del dinero gratis la consigna "otro mundo es posible" se cambia en: "Este mundo no es el nuestro". Y el que se atreve a decir que "este mundo no es el nuestro" no volverá jamás a vivir tranquilo. Porque ya no podrá refugiarse en la cómoda defensa de una alternativa. Porque sabrá perfectamente que para criticar este mundo no se necesita ningún mundo de repuesto. El dinero gratis es un grito de guerra que cuando se pronuncia abre las encías y deja sabor de sangre. Ante él nos hallamos desnudos. Nuestros pensamientos se desnudan, nuestros sentimientos se desnudan. Y, entonces, sólo queda el asco. El asco ante la vida que llevo. El asco ante lo que yo soy. Y el querer vivir...
Acto tercero.
Pero vosotros ¿Quién sois?
Nosotros somos los desesperados.
¿Por qué estáis desesperados?
Porque ya no esperamos nada.
Es imposible no esperar nada.
Es verdad. Debemos esperar algo.
De una vez, decid ¿quién sois?
Nosotros somos y no somos. Ningún nombre es capaz de identificarnos.
Os creéis muy inteligentes escribiendo de modo que nadie os entiende. ¿Por qué mezcláis ideas políticas con imágenes poéticas?
Porque el lenguaje corriente no nos sirve. Las palabras trabajan para el poder. Hay que reinventar el lenguaje para poder afirmar que rechazamos absolutamente esta sociedad.
¿Sois utópicos?
Parece que no has entendido nada. Las utopías no nos interesan. Las utopías son hoy el falso motor de un falso movimiento.
¡Siempre lo encontráis todo mal!
Sí. Lo encontramos todo mal. Empezando por nosotros mismos. Estamos mal con nosotros mismos porque no encajamos en este mundo. Más exactamente. No queremos encajar, queremos hacernos incompatibles. La única alternativa que admitimos es esta: la realidad o nuestro querer vivir
¿Qué pretendéis entonces?
Restituir el orgullo de poder estar solos para así abrirnos a los demás.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el dinero gratis?
Defendemos y necesitamos el dinero gratis porque no tenemos suficientes vidas para vivir todo lo que queremos vivir.
http://www.eldinerogratis.com Sigue lendo...
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ourobouros
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Etiquetas: audiovisual, sistema, trabalho
miércoles, 4 de abril de 2007
Ai! pfff... doe. Repensar a política. Rejeitar o trabalho.
Sabes que es verdad. Si no fuera así, ¿por qué todo el mundo se esconde cuando pronuncias ésta palabra? ¿Por qué la concurrencia a tus reuniones grupales dediscusión sobre teoría anarco-comunista ha sufrido una caída peor que cualquiera experimentada anteriormente?¿Por qué el proletariado oprimido no ha entrado en razón y se ha unido a ti en tu lucha por la liberación del mundo?
Quizá, luego años de lucha para educarlos acerca de su papel de víctimas, has llegado a culparlos por sucondición. Les debe gustar ser pisoteados por los agudos tacones del capitalismo; y si no fuera así,¿por qué no se han unido a ti: encadenándose a lugares, coreando consignas en protestas cuidadosamente planeadas y organizadas, y frecuentando centros anarquistas? ¿Por qué todavía no se han sentado a aprender toda la terminología necesaria para una auténtica comprensión de las complejidades de la teoría económica marxista?
Lo cierto es que, para ellos, tu política es aburrida porque les resulta realmente irrelevante. Ellos saben que tus anticuados estilos de protesta -tus marchas, pancartas y reuniones- son actualmente incapaces de efectuar un cambio real, ya que se han convertido en algo demasiado predecible dentro del statu quo. Ellos saben que tu jerga post-marxista es repulsiva, ya que es realmente un lenguaje de mera discusión académica, y no un arma capaz de debilitar a los sistemas de control. Ellos saben que tus disputas internas, tus grupos disidentes y tus peleas interminables acerca de teorías efímeras, no pueden producir ningún cambio real en el mundo en el que viven día a día. Ellos saben que no importa quién mande, qué leyes haya en los libros, o bajo qué “ismos” los intelectuales se alineen; el contenido de sus vidas seguirá siendo el mismo. Ellos saben tanto como nosotros, que nuestro aburrimiento es la prueba de que esta “política” no es el camino a ningún cambio real. ¡Nuestras vidas ya son lo suficientemente aburridas!
Y tú también lo sabes. ¿Para cuántos de ustedes la política es una responsabilidad? Algo a lo que se comprometen, porque sienten que deberían hacerlo, cuando en lo más profundo de sus corazones hay millones de cosas que preferirían estar haciendo. ¿Tu trabajo como voluntario, es el favorito de tus pasatiempos, o lo haces sin ningún sentido de obligación? ¿Por qué piensas que es tan difícil motivar a los demás a realizar tareas voluntarias como las que realizas? ¿Podría ser que fuese simplemente el fruto de tu cargo de conciencia, lo que te lleva a cumplir con tus “deberes” para ser políticamente activo? Tal vez, le agregas emoción a tu “trabajo” intentando (conscientemente o no) tener problemas con las autoridades, intentando ser arrestado: no porque vaya a servir de algo a tu causa, sino para hacer las cosas más excitantes, para reconquistar un poco el romance de las épocas de revueltas pasadas. ¿Has sentido alguna vez que estabas participando en un ritual, en una larga y establecida tradición deprotestas que realmente sólo sirven para fortalecer la posición establecida? ¿Has anhelado alguna vez, en secreto, escapar del estancamiento y aburrimiento de tus “responsabilidades” políticas?
No es de extrañar que nadie se haya unido a tus esfuerzos políticos. Quizá te digas a ti mismo que es duro, que no es reconocido, pero que alguien debe hacerlo. Entonces, la respuesta es NO.
Tú, en realidad, nos perjudicas gravemente a todos con tu pesada y tediosa política. Aunque, de hecho, no hay nada más importante que la política. NO hablo de la política de la ley y la democracia representativa, en la que es elegido un legislador para firmar los mismos decretos y perpetuar el mismo sistema. Ni la política del “Comencé a militar en la izquierda radical porque me encanta discutir acerca de detalles triviales y escribir retóricamente acerca de una inalcanzable utopía” anarquista. Ni tampoco la política de cualquier líder o ideología que exige que te sacrifiques por “la causa”. Sino la política de nuestra vida cotidiana.
Cuando separas la política de las experiencias inmediatas y cotidianas de hombres y mujeres, ésta pasa a ser completamente irrelevante. Se convierte en el dominio privado de ricos y cómodos intelectuales, que pueden darse el lujo de complicarse sus vidas con tan monótonas y teóricas cuestiones. Cuando te involucras en política por un sentimiento de obligación y haces de la acción política una pesada responsabilidad, en lugar de un excitante juego, que valga la pena por sí mismo, ahuyentas a gente cuyas vidas ya son lo suficientemente pesadas como para añadir más tedio. Cuando conviertes a la política en una cosa sin vida, triste, una responsabilidad espantosa, se convierte simplemente en otra carga para la gente y no un medio para quitarles un peso de encima. Por consiguiente, le arruinas la idea de política a la gente para la cual debería ser lo más importante; puesto que todo el mundo tiene interés en tomar el control de sus vidas, en preguntarse a sí mismos qué es lo que no desean para ellas y cómo conseguirlo. Muestras la política como algo patético, un juego de clase media/bohemio sin sentido, que se refiere solo a sí mismo; un juego sin relevancia para las vidas reales que viven día tras día.
¿Qué debería ser lo político? Que disfrutemos lo que hagamos para conseguir techo y comida, si sentimos que nuestras interacciones cotidianas con nuestros amigos, vecinos y compañeros son gratificantes; que tengamos la oportunidad de vivir cada día como deseamos hacerlo. Y la “política” no debería consistir meramente en discutir estas cuestiones, sino en actuar directamente para mejorar nuestras vidas en el presente inmediato. Actuar de un modo que es de por sí entretenido, excitante, placentero: es político; ya que cuando la acción política es tediosa, agotadora y opresiva, sólo puede perpetuar tedio, fatiga y opresión en nuestras vidas. No debería desperdiciarse más tiempo debatiendo sobre cuestiones irrelevantes cuando debemos ir otra vez a trabajar al día siguiente. No más protestas-rituales predecibles que las autoridades saben demasiado bien como manejar; ni tampoco más protestas-rituales aburridas que no le parecerán a posibles voluntarios como la manera más emocionante de pasar un sábado por la tarde; claramente, éstas no nos llevarán a ninguna parte. Basta de “sacrificios por la causa”. ¡Porque para nosotros, la felicidad -en nuestras propias vidas y las de nuestros compañeros- debe ser nuestra verdadera causa!
Después que hagamos de la política algo relevante y excitante, el resto le seguirá sólo. Pero de una monótona, meramente teórica y/o ritualizada política, nada valioso puede surgir. Esto no quiere decir que no debamos mostrar interés por el bienestar de los seres humanos, de los animales, o de los ecosistemas que no están directamente en contacto con nosotros en nuestra existencia diaria. Pero la base de nuestra política debe ser concreta: ésta debe ser inmediata, debe ser obvia para todo el mundo -para que sea merecedora de esfuerzo-, debe ser divertida por sí misma. ¿Cómo vamos a poder hacer cosas positivas por otros, si nosotros mismos no disfrutamos nuestras propias vidas?
Para ser más claros: si te pasas una tarde recogiendo comida de tiendas que de lo contrario hubiese ido a parar a un basural y la sirves a gente con hambre y a gente que está cansada de tener que pagar por comida: ésa es una buena acción política, pero sólo si la disfrutas. Mientras lo haces con tus amigos, si conoces a nuevos amigos, si te enamoras o intercambias historias divertidas; o simplemente si te sientes orgulloso de haber ayudado a una mujer a aliviar sus necesidades económicas: ésa es una buena acción política. Pero si te pasas la tarde redactando una furiosa carta a un obscuro periódico izquierdista, objetando el uso que un columnista le dio al término “anarco-sindicalista”, eso no va a lograr un carajo -y lo sabes-.
Tal vez sea hora de una nueva palabra para “política”, ya que ustedes han convertido la antigua en una mala palabra. Por lo que cuando hablamos de actuar juntos para mejorar nuestras vidas, nadie debería posponerlo. Y es entonces que les presentamos nuestras exigencias, las cuales no son negociables y deben ser cumplidas cuanto antes; porque no vamos a vivir para siempre, ¿o sí?
1. Hagamos de la política algo nuevamente relevante en la experiencia de nuestra vida diaria. Mientras más lejos se encuentre el fin de nuestra preocupación política, menos significará para nosotros, menos real y apremiante nos parecerá, y más aburrida será.
2. Toda actividad política debe ser placentera y excitante de por sí.
3. Para lograr cumplir estos dos primeros pasos, deben ser creados métodos y procedimientos completamente nuevos. Los viejos son anticuados, están pasados de moda. Tal vez NUNCA fueron buenos del todo, y es por eso que el mundo está como está.
4. ¡Disfruten de ustedes mismos! ¡No existe excusa alguna para estar aburridos… o aburrir!
Tirado de Caosmosis Sigue lendo...
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ourobouros
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Etiquetas: autonomía cognitiva, sistema, trabalho